By SOFÍA NAVARRO

La Señora de Montesco


   Sinopsis de “La señora de Montesco”, por Sofía Navarro: 

"La Señora de Montesco es una tragedia en dos actos, sólo que en forma de novela en lugar de teatro. El inicio es directo: nos encontramos con una joven adolescente vistiéndose para un entierro; su mejor amiga ha fallecido. Calista es una muchacha de familia noble en decadencia absoluta, pero su malograda amiga era la hija de la poderosa Baronesa Grimaldi, que ahora está completamente sola en el mundo con sus títulos, su buen gusto y sus tesoros. 
Viviendo en el viejo palazzo veronés de sus antepasados, Calista sueña con encontrar el porqué de esta vida; algo duradero, que la muerte no sea capaz de borrar, y que la fortuna no pueda trastocar. Ni la fortuna, ni los títulos, ni la juventud son para Calista motivo suficiente para ser feliz. Y aunque el amor podría ser la respuesta más sencilla, es en realidad una complicada pregunta. Viviendo con su anciana madre y su única sierva, la joven veronesa descubre el amor ingenuo de la mano del guerrero más pendenciero de Verona: Teobaldo Capuleto. Poner su corazón en manos de alguien tan noble en nombre y tan peligroso en actos será la primera carta descolocada que haga tambalear su ya maltrecho castillo de naipes. Esa es la premisa, el mero inicio del primer acto. 
Lo interesante es que la protagonista está en plena fase de madurez. Vamos a ver cómo su forma de pensar y de actuar con respecto a su familia, sus amistades y su historia de amor evoluciona, madura y es llevada con una elegancia y una fuerza distinta a medida que van pasando los capítulos. Calista hace cosas de niños al principio, como decir que es quien no es, o como tener gestos pueriles con personajes que son adultos. Y todos esos actos se van enmendando para hacer de ella una mujer increíble que, con un poco de tiempo, dará luz al celebérrimo Romeo Montesco y enfrentará como madre la tragedia Shakesperiana".

“Atended al triste enredo, y supliréis con vuestra atención lo que falte a la tragedia”.



Con esas modestas palabras cierra Shakespeare -o el artista que se hacía llamar Shakespeare; dependiendo de qué versión creamos-, el prólogo de “Romeo y Julieta”, su obra más nombrada. Nombrada, que no conocida. Se extiende su nombre por el mundo, acompañado de una leyenda. Pero Sofía siempre se ha preguntado por qué se la ha considerado, a través de los siglos, el paradigma de las historias de amor. Quizás porque morir por amor no es lo más complicado, sino encontrar un amor por el que merezca la pena morir.

El amor, de entre los sentimientos humanos, es el único rival a la altura del miedo. El amor es poderoso, complejo y polifacético.  

En “Romeo y Julieta”, el amor está íntimamente relacionado con la Parca. La muerte es la única tradición que une a Capuletos y Montescos: la sangre derramada durante generaciones. Pero el clásico entendido como historia de amor tiene una gran base en la muerte como separación irremediable de los amantes, y la muerte como única vía de reencuentro. No sería este un caso especial, de no ser por el extremadamente breve espacio de tiempo que transcurre entre la separación y el reencuentro. Los jóvenes amantes no se plantean la posibilidad de vivir el uno sin el otro ni siquiera por un mísero segundo. Se precipitan a la muerte, de una forma tan extrema que les ha convertido en leyenda. Es terrorífica la impresión que deja el final de este maravilloso teatro, reflejando la fragilidad de la vida, lo irreflexivo de la mente joven, la irreversibilidad de la muerte y el peso brutal de la culpa.

Un veneno y un puñal. Shakespeare tenía clase.


La motivación primera y última de Sofía al escribir este libro -novela y no teatro-, fue indagar en el corazón de una veronesa que no fuese la celebérrima Julieta. Alguien que no estuviese tan desarmada frente al supuesto amor verdadero, y cuyo corazón se debatiera mucho más que el de la joven Capuleto. Quería escribir la historia de uno o varios amores, y no la de un capricho tan pasional y auténtico como ciego, que, en esencia, es lo que se le refiere la relación de Romeo y Julieta. Quería que participase la mente de esa mujer, y no sólo su corazón. Quería hablar de amor, y no sólo de arrebato, por lo que la madurez de pensamiento debía estar presente. Pensó que podía ser un maravilloso viaje, y comenzó a escribir.

Sólo una duda, aunque muy interesante, le asaltó al principio… ¿Cómo era Verona antes de Shakespeare, y antes de Romeo, y antes de Julieta? Sofía ha pisado sus bellísimas calles, siglos después de que el Bardo inglés las eligiese como escenario, y sabe que guardan una esencia mágica, o que quizás la desarrollaron gracias a la historia de los amantes. Cuando piensa en la Verona previa al mito, ve a una adolescente tímida al lado de Roma, Milán, Florencia o Venecia, tan mujeres, tan esbeltas y tan orgullosas. Sofía quiere creer que con Romeo y Julieta, Verona se hizo mujer y derramó su sangre para llevar a toda Italia el sentimiento de que el amor todo lo puede. Algo que sus hermanas habían pasado por alto hasta entonces. 
      Esta novela es una hipótesis que no se apoya en sustentados argumentos, ni ha de proclamarse auténtica. Su única intención es robar corazones.

INTERACTIVO:
*Entrevista a Sofía Navarro sobre La señora de Montesco. "La Voz del Sur". Por Celia Asencio. Mayo 2014.
*Audio narrado por Sofía Navarro. "La Señora de Montesco - Prólogo".