The Grown Mermaid



Me indigno. Resulta que los actores de doblaje de Madrid están en huelga (#HuelgaDoblaje) desde hace más de dos semanas y no sólo han sido vergonzosamente ninguneados por la casi totalidad de los medios audiovisuales, sino que hay cadenas que han decidido ceder el rodaje de sus series compradas en el extranjero a otros puntos de la geografía española donde se realiza doblaje y en los que, catastróficamente, se ha parcheado el trabajo realizado en Madrid y se han hecho oídos sordos a compañeros del mismo gremio. Por miedo, como todo lo que ocurre en España, y hasta puede que por pasotismo, aunque espero que no. Lo asumo. Pero esto es de vergüenza, empezando por las cadenas que no respetan a estos profesionales. Evidentemente, los actores de doblaje de Madrid cuentan con mi total apoyo, como espectadora y como comunicadora amante de las series, del cine y del audiovisual en general.

Dicho esto, procedo a explotar. Porque estoy de la tontería de que los españoles no hablan inglés porque nos doblan la producción audiovisual hasta las narices. El cine y la televisión no son una clase de idiomas.



Todos ustedes saben lo que se exige a nivel audiovisual por parte de los usuarios desde hace ya unos años, especialmente desde la llegada del DVD. Lo saben. Lo saben porque tienen internet y ven la televisión. Lo que quiere el público, y más fríamente, el consumidor, es su televisión ‘a la carta’. Sus programas ‘a la carta’. Su cine ‘a la carta’. Y ¿qué significa esa expresión? ‘A la carta’… Significa ‘tómeselo como a usted le dé la gana’. Y es un plus, una ventaja, para el espectador, el poder acceder a contenidos audiovisuales como a él le apetezca, cuando le apetezca, con quien le apetezca...

En España tenemos el privilegio de contar con los mejores actores de doblaje del mundo. Sí, lo he comprobado, viendo más de una película en versión original -en mi caso inglesas-, para luego compararlas con las versiones dobladas en Francia, Italia y España, que son países con cierta tradición en el arte del doblaje. Las comparaciones, ciertamente, son odiosas. Pero es que cualquier cosa que se intentase poner a la altura del doblaje español era poco menos que basura.



Entonces, con tanto festín a la carta, con tanta opción y tanto abanico de posibilidades infinitas que tanto se esfuerzan en ampliar las compañías telefónicas y audiovisuales para el abrumado espectador… ¿Quién es tan subnormal de pedir la eliminación del doblaje en España? No me lo digan, ¡un español!  

Déjenme que les diga una cosa. Un apunte. Los actores de doblaje deberían llamarse actores de voz, porque, sinceramente, pueden hacer otras cosas además de narrar y doblar anuncios, o doblar películas, series y videojuegos. También pueden interpretar directamente del español, pero claro, no se cuenta en este país con el público más dispuesto… Si el español medio apagase Telecinco y escuchase radionovelas -lo cual es común en otros países de nuestro entorno-, vería que sus actores de voz, hacen eso: actuar. Interpretan, como lo hacen los demás actores que se ponen ante una cámara. Y leen rematadamente bien. ¡Ah, si el español medio se aficionase al audiolibro…! ¡Qué voces y qué personajes te estás perdiendo, España…! Pero no. En nuestro país no somos capaces de valorar esta rama artística y de explorarla como se merece. En España, todo hijo de vecino prefiere excusar su pésimo conocimiento de lenguas extranjeras en la mera existencia del rodaje, esa corrupción de la obra original que muchos incultos se empeñan en relacionar con la dictadura.



Entremos, pues, en materia.

El doblaje no es un vestigio del franquismo. Baste decir que es un fascista el que está intentando ahorrarse el doblaje para gastárselo en bolsos de firma para su señora de Wert. El doblaje es un arte interpretativo que se ejerce en muchos países donde Franco jamás tuvo nada que opinar, y que se empezó a desarrollar ya desde los inicios del cine mudo con narradores y dobladores en vivo, en la misma sala de cine, a menudo acompañados por un pianista, porque tampoco había banda sonora. Italia también tuvo a un fascista ocupándose de que todo el cine sonase italiano, y a día de hoy ya quisiera el doblaje italiano ser la mitad de bueno que el español. Espero que todos los que ponen de vuelta y media al doblaje en España sean conscientes de que también los hablantes de lengua inglesa tienen actores de doblaje. De voz. Sepan que en Inglaterra, que es la que me pilla cerca, los dibujos animados no hablan inglés por la gracia de Dior, sino porque hay actores de doblaje prestándoles sus voces. Sepan que hay múltiples películas extranjeras que se doblan al inglés. Sepan que el público que tienen las radionovelas es sorprendentemente decente -está muy a la altura de las series de televisión-, y que los auidolibros se venden como pipas en la plaza. Aquí los actores de doblaje son, ante todo, eso: actores. Llámenme escéptica, pero creo que la cultura y la educación tienen mucho que ver con todo esto.

Llevo dos años viviendo en Londres, y si les digo que el nivel de inglés de los españoles es para echarse a llorar, no me pueden responder que el doblaje tiene la culpa. Es categóricamente falso.

El doblaje no atenta contra la cultura políglota en España. ¿Podemos reírnos ya? Señores, España no tiene cultura de lenguas. No se puede atentar contra lo que no existe. ¿Es que no ven que el español medio habla castellano -o eso dice- y punto? Que la gente en España, por norma general, no habla dos idiomas. Por no hablar, no hablamos ni las nuestras. El catalán sólo se habla en Cataluña, pero a mí me hubiese gustado muchísimo que se me hubiese enseñado a hablar catalán, valenciano, euskera…, yo encantada de poder hablarlas todas, sinceramente, aunque les hubiese dado poco uso. Quizás les hubiese dado alguno, de haberlas hablado. Pero miremos lenguas europeas más extendidas territorialmente. España no es hoy en día el país más humanista del globo, por mucho que descubriésemos las Américas -donde impusimos nuestra lengua en el sur, como los ingleses lo harían en el norte-. A mí me llena de rabia que se les pregunte a los actores de doblaje “¿Qué pensáis sobre las acusaciones que os hacen responsables del bajo nivel de inglés en España?” Ojalá un día uno de ellos responda “Bueno, lo del inglés no tiene solución; menos mal que lo del alemán, francés, italiano, árabe, ruso, polaco, chino, coreano…, no es culpa nuestra”. Marca España, ¿a quién quieres engañar? Si quitas el doblaje de en medio, al cine van a ir los cuatro gatos que van ahora, menos las personas mayores o cualquiera que tenga reparos en leer durante dos horas -que de estos en España también andamos sobrados; el típico que no lee el libro y se espera a la película… ¡Se le cae el mundo cuando se entera que va por subtítulos!-. Y los que aguanten irán menos a menudo, también te lo digo. Lo mismo esto le interesa a la misma clase de personas que quieren acabar con el cine, directamente. Pero, a lo que voy… Quitar la opción del audio castellano es una contradicción para el cine ‘a la carta’.

Créanme, el cine es más caro que una escuela de idiomas y mucho menos efectivo. No me creo esa indignación de “no sabemos inglés porque nos lo dan todo doblado”. No, querido, no sabes inglés porque no te ha dado la gana de estudiarlo. ¿O me vas a decir que si el cine estuviera únicamente en versión original, ibas a pagar tres o cuatro entradas a la semana para perfeccionar el idioma? Te sobra la pasta y no te llegan las neuronas. Para aprender inglés -o la lengua que te apetezca-  te vas a una escuela de idiomas; las juntas de cada comunidad autónoma ofrecen plazas en ellas. Yo estudié cuatro años en la de mi ciudad, y luego continué con otros tres años de Inglés como asignatura de libre configuración en la universidad. Ya me hubiese gustado haber tenido el dinero para ir al cine una vez a la semana, fuese en el idioma que fuese, con la intención de divertirme y no de estudiar. Pero qué va…

Señores, con calma, piensen en el tipo de audiencia española media. Piensen cuánta gente va al cine en España. No tanta como a todos nos gustaría, porque el precio convierte el cine en un lujo. Pero hay más: El interés. Verán, el español medio no se muere por ir al cine, ni por ver una película en pantalla grande a la semana, ni por llevar un ápice de cultura al mes a su bagaje personal. Es que no somos un país de curiosos; somos un país de chismosos, que no es lo mismo. Belén Esteban ha sacado un libro que no ha escrito ella y ha arrasado, deberían hacer la película, daría más dinero aún y no habría que doblarla… aunque los subtítulos no le irían mal.



He visto muchas películas en inglés, en versión original, pero sobre todo he visto y disfrutado muchísimas películas dobladas al castellano. Y sigo viéndolas, y no me molesta el doblaje en absoluto. Me agrada a menudo, debería decir, porque un “I love you, mum” no se puede comparar con un “Te quiero, mamá”, nos pongamos como nos pongamos. Es nuestra lengua materna, es la que tiene más implicación emocional para nosotros, y es algo que no podemos controlar, está en nuestro lado irracional y subconsciente. Me voy a poner nostálgica: año 1994, Disney estrena en España “El Rey León”, el nivel de doblaje es estratosférico pero yo soy una niña que pasa olímpicamente de todos esos detalles y simplemente alucina con lo que ve y oye. Año 2014, se pone una a ver vídeos de la versión original y empieza a ser consciente de la suerte que tuvo de criarse con la versión española. Constantino Romero fue mejor Mufasa de lo que en ningún otro país se pudo siquiera soñar. Y con él, todo el reparto español. Toma nota, Marca España.



En resumen, lo único que hay que tener en cuenta a la hora de realizar un doblaje es que hay que dejar los originales en manos de profesionales que sepan hacer buen trabajo. Los actores de doblaje de Madrid son, junto con los de Barcelona, de una categoría que no se encuentra en otra parte. He hablado sobre todo de cine, y lo cierto es que la producción cinematográfica está más en las manos de Barcelona, y que son las series las que tienen más peso en Madrid. Pero, por favor, extrapolen lo que he escrito, palabra por palabra, porque es exactamente igual. Estos profesionales merecen mantener su prestigio intacto, ver su reconocimiento alzado a un nivel digno de una vez por todas y su magnífico trabajo recompensado. Pedir un convenio que mantenga sus puestos de trabajo y las condiciones de chiste que tienen desde hace más de veinte años me parece absolutamente necesario, justo, y si me apuras… es que mucho han tardado en decir algo al respecto.

Y a mí, como espectadora, esas cadenas, esas plataformas audiovisuales…, llevan un tiempo diciéndome que todo es ‘a la carta’. Pues para mí una de español bien doblado.

A ver si es verdad.





Sofía Navarro.

Londres, 2014.
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            No se me hubiese ocurrido nunca pronunciar palabra, en un día como hoy, sobre el atentado del 11-M. Mi idea de honrar a las víctimas es guardar silencio respetuoso, porque ni de lejos soy capaz de imaginar el dolor de aquellos a los que les impactó de lleno. ¿Qué puedo decir yo? Tenía quince años, estaba en el instituto y tocaba la hora de Música cuando nuestro profesor decidió que era más importante poner la televisión para que todos viésemos la retransmisión que los informativos hacían de la masacre. Éste profesor, falto de información y deseoso de darle la razón al Gobierno -estudié en un colegio concertado de tendencia católica-, comentó al final de la clase que los etarras no merecían el aire que respiraban. Teníamos quince años. Una clase entera de adolescentes asumiendo como auténtica la información de que el atentado fue etarra. Una clase de adolescentes que probablemente no tendrían información sobre cuántos atentados masivos contra población civil había cometido ETA en su historia, y qué cariz estaba tomando la tensión internacional después del 11-S. Teníamos claro que ETA mataba, pero no cómo ni por qué, luego era fácil convencernos de que habrían cometido cualquier acto terrorista. Éramos alumnos jóvenes, ignorantes en la materia y bastante impresionables… Supongo que más de uno salió de allí con la lección aprendida. Viendo las noticias en casa, ya a la hora del almuerzo, empezaba a apestar todo a mentira, pero no estoy segura de cuántos de mis compañeros pudieron percibirlo.

            Dado que mi memoria no guarda muchos datos numéricos, pero sí muchas sensaciones fortísimas de aquel día y los que le siguieron, hoy iba a guardar silencio. Hasta que esta mañana, entre todos los mensajes de pésame, solidaridad y recuerdo que han rondado las redes sociales, he leído uno que –parafraseo- decía: “¿Sabremos algún día la verdad sobre el 11-M?”. Y ha vuelto a mí la niña de quince años. Y se ha indignado, porque ella sabe lo que pasó desde hace mucho tiempo, con datos o sin ellos. Escribo un poco con ella a mi lado, porque insiste en que quede la cosa bien clara. Siempre fue testaruda, pero es que los adolescentes son tozudos en demasía. A mandar.

            Frivolidades aparte, pasó lo que pasó porque los extremistas, islámicos o no, han sido preparados mental y físicamente para cometer suicidio en nombre de su credo en el caso de que un superior se lo encomiende. Lo llaman martirio, y es el camino a seguir para convertirse en mártires. En el caso de la Yihad, ser un mártir es para ellos y su familia un gran honor en vida y muerte.
            Sabiendo esto, el Gobierno de España, más concretamente el señor José María Aznar, sin contar con la admiración del resto de los participantes –que, dadas sus acciones, habían notado de sobra lo fácil que es aprovecharse de un hombre vanidoso e inculto-, se unió a una guerra innecesaria, excusada en invenciones, minada de actos que avergüenzan profundamente a todos los que creemos en el respeto y la defensa de los Derechos Humanos, cuya única finalidad era el control de un territorio rico en petróleo.
            Igual que aquí hay fanáticos de una bandera y un Gobierno que morirían por ella si éste último así lo ordenase, allí, donde una religión con sus creyentes y sus extremistas está al día de otras religiones, lo que no está al día de Occidente es la educación y la visión de la sociedad. Hay muchos que se afanan en igualar las tornas, en llevar la cultura a los niños, a las mujeres..., en abrir las puertas de la universidad y en conocer otros puntos de vista sin tacharlo automáticamente de herejía. Es incipiente este deseo de progreso en el mundo árabe; necesita tiempo para dar resultados, pero son esos ciudadanos los que van a salvar Afganistán e Iraq, no las bombas de Occidente. Éstas, con su poderío y su soberbia convencida de que si pone un pie en esa tierra el oro es suyo... Ese Occidente no esperaba -o eso quiero creer- el arma arrojadiza que son los kamikazes, los incultos, desequilibrados, pobres que incluso con carreras universitarias a sus espaldas carecen de amor propio y de resolución para discernir el bien del mal. Gente a la que le faltan muchas horas de lectura y conversación. Pobres que leen la palabra de un dios sin nombre, dándoles el significado que otros prefieren buscarle; prostituyendo el mensaje que la mayoría de los creyentes ve como un canto a la paz, hasta hacerlo declaración de guerra. Son personas manipuladas para morir y para matar a cambio de una recompensa en el más allá... Qué fácil para el que manipula dejarle la tarea de premiar a un dios sin nombre, cuando el muerto ya poco puede reclamar.
            Es una cadena de acción-reacción bastante obvia: Fueron personas manipuladas y ciegas las que derramaron sangre en Madrid ese fatídico 11-M. Porque sus superiores les ordenaron morir por el credo. Porque Occidente puso un pie sucio en sus tierras. Porque el dinero corrompe. Porque nuestros gobiernos no sirven al pueblo y buscan enriquecerse. Porque el pueblo votó a ladrones embusteros y les sigue creyendo. Mucho me temo que sólo el pueblo es responsable del pueblo.

            No nos engañemos. La culpa es nuestra. La culpa es nuestra. Hace diez años yo aún no podía votar, pero no hace tantos años que sí puedo. Hace muchos que puedo salir a la calle a gritar. Lo cierto es que ejerzo el voto y escribo mucho, pero sí, debería salir más a la calle a gritar. Los votos y la transigencia de esa mayoría silenciosa -en la que me incluyo, totalmente en contra del Gobierno y totalmente a favor de la desobediencia civil, eso sí- permitieron el encuentro en Las Azores. Un hombre como Aznar, incapaz de siquiera expresarse debidamente en otro idioma, no pudo llegar a esa reunión sin el apoyo del pueblo en las urnas, sin votos, sin poder. El pueblo da el poder. El pueblo debe aprender a conceder poder. El pueblo no sabe dar poder. Y mientras dé poder a quienes van en su contra, el pueblo se estará dejando matar.
            No hay solución para la tragedia pasada. Procuremos no cometer los mismos errores y honremos la memoria de aquellos inocentes, empezando por parar la vergüenza que supone dar pábulo a todos los que mienten a un pueblo que no se cree nada, pero no mueve ficha para quitar de en medio a los que intentan mentirle. A esos mentirosos, que sí tienen nombres y apellidos, realmente no les importan esas vidas perdidas más de lo que les importó perder las elecciones. Por eso culparon a un terror más familiar, más creíble, en lugar de aceptar que habían provocado un terror nuevo, no fuera el pueblo soberano a ver su inutilidad y su responsabilidad a apenas horas de ir a votar. Tampoco hubo respeto por las víctimas durante los meses siguientes, con políticos echándose las culpas mutuamente, jugando con los datos, los fallecidos, los nombres del explosivo…, hasta que una madre los hizo callar a todos. Yo tenía quince años, y no lo recuerdo al dato, al detalle, pero ese día, esa imagen, la tengo bien grabada. Había cámaras de por medio, quizás por eso todos fingieron respetar a esa mujer rota por dentro y firme por fuera. Tanta hipocresía junta es difícil de olvidar.

            Hace diez años yo no podía votar. Pero pertenezco a una generación que recibió una buena educación. Algunos la aprovechamos y otros no; era cuestión de prioridades. Una cosa es cierta: ese miedo, ese pavor,  que veo en los ojos de mi abuelo cuando habla del Gobierno, por fortuna o por desgracia, lo desconozco y hasta me causa ternura porque es como un niño pequeño a punto de llorar porque le dicen que viene el hombre del saco. Yo no tengo miedo, pero creo en Huxley y en su “Mundo feliz”, porque lo veo con mis propios ojos. Y me preocupa, pero sé que tiene solución, el problema es que es colectiva, y aquí todo va de prioridades personales.
No sé qué sentían los que hace más de diez años votaron cuando yo era niña, ni qué educación recibieron, aunque me hago una idea. Las nuevas generaciones del partido que nos gobierna son más rancias que sus predecesores y muy dadas a salir en los medios… Oh, los medios, cómo son de selectivos. Yo no milito en ningún partido, aunque me lo han ofrecido… Resulta que me lo han ofrecido partidos con los que no comulgo. No existe partido con el que comulgue. Lástima. Aun así, yo también soy una nueva generación, sin símbolo y casi sin bandera, pero con las ideas más claras que mis padres y sin el miedo de mis abuelos. No salimos en los medios, pero seguimos teniendo derecho a voto y seguimos viendo mundo y comprobando que una política mejor es posible. Mi esperanza es que muy poco queda para que esta nueva generación vea que hay una realidad democrática fuera de España perfectamente importable. Una realidad en la que el pueblo habla cada día y no cada cuatro años. Llegará esa nueva generación fascinada por mejores gobiernos. Ya está llegando.

            Podemos buscar culpables con nombres y apellidos del 11-M, y se nos quedará corta la lista y se nos quedarán vacías las cárceles. La única lista certera es la de las víctimas y sus familias. Y, como ya digo, responsables, así lo creo yo, somos todos. ¿Sabremos algún día la verdad sobre el 11-M? Ya la sabemos. Lo que nos cuesta es asumirlo, y asumir que también es responsabilidad nuestra que los culpables vayan a la cárcel, pero que una vez más, eludiendo esa responsabilidad, los hemos devuelto al Gobierno. Y de nuevo les damos poder, y de nuevo juegan con nosotros como naipes, y de nuevo nos traen terrores que no nos tocaban hasta hoy. Así no se evitan los 11-S, los 11-M, los 7-J… No los causamos, pero damos poder a los que los provocan. Esa es la verdad del 11-M.

            Pensaba callar, pero ¿cuántas posibilidades tenía?
Rindo mi más sentido pésame a las familias y toda mi admiración a quienes ayudaron en la catástrofe y tras ella. Creo que las personas más valiosas, al igual que las más culpables, siempre quedan sin nombre en los medios, para bien o para mal, pero no sin hueco en la Historia y en la memoria de los que les vimos o no dar la cara. Y éstas últimas sí que hacen justicia.

Sofía Navarro,
11 Marzo, 2014.
Londres.
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Querida Sofía:



Me animo a escribirte en calidad de colega de oficio después de que mi socio, J. C., a quien sé que conoces, sabiendo que me daba una alegría con ello, me pasara ciertas reflexiones que haces al hilo de tu reciente decisiónde dejar de enviar manuscritos a editoriales y lanzarte a la publicación independiente. No puedo más que aplaudir, no sólo esa decisión, que me parece valiente y honesta, sino también la manera que has tenido de expresarla.

Quizá yo sea, en todo caso, poco objetivo, ya que señalas punto por punto las mismas argumentaciones que nos llevaron a mí y a J. hace algunos años a tomar el mismo camino que tú tomas hoy y a defender el "territorio Indie" como un lugar perfectamente alternativo a la publicación tradicional.

En este tiempo he visto cómo desde la esfera editorial -y no pocos compañeros de oficio o aspirantes a serlo- nos han llamado de todo -no sólo a nosotros, a todo escritor que decidiese salirse del tablero de juego-, especialmente "resentidos" por aquello que postulan sobre los indies: que no publicamos en papel porque no nos dejan, porque no tenemos calidad suficiente. Como bien apuntas, dudo seriamente que calidad sea lo que esté en primeros puestos de la lista de la mayor parte de editores, pequeños o grandes -a mis experiencias propias y un buen ramillete de ajenas puedo remitirme-. A este mismo efecto, también nos han acusado de inundar el mercado de obras de baja calidad, de ser de segunda, de que atentamos contra la cultura en general y el libro en particular... Y ¿sabes qué? que muchos escritores lo creen. Se sienten acomplejados. Buscan desesperadamente cualquier forma de publicar al precio que sea, antes de caer en el saco de los "marginados y resentidos escritores independientes de la red". Y luego nos asombra que las editoriales nos ninguneen ante semejante desesperación.

En tus palabras he encontrado la solidez de una reflexión profunda, la misma a la que yo llegué en su momento y que sigo creyendo como un dogma, algo que tú explicas con un acierto tan rotundo como minimalista: Escribir y publicar es mi decisión; leer, la del lector. O lo que es lo mismo: me niego a que un "señor" sentado en un despacho -si es que llega a eso- decida si alguien puede o no acceder a mi trabajo. Y ya está. Esa es la madre del cordero y no sabes cómo me alegra escucharlo de una compañera de oficio. Y escucharlo así, serena, firme, sólida como una roca. Aplaudo hasta sangrar la manera tan digna y elegante con la que lo has manifestado; aplaudo y me siento orgulloso de tener una compañera que llega a este universo -fantástico y hermoso, por otra parte- sin huir de nada, sin complejo de nada y dispuesta a ofrecer a esos lectores que te esperan todo lo bueno que hace. Ellos serán tus únicos jueces y, créeme, te sorprenderá su respuesta.

Es un verdadero honor compartir oficio y páginas con alguien como tú. A este lado al que ahora entras te esperan, probablemente, miradas de altanería, críticas feroces encaminadas a dejar patente eso de que los Indies somos de segunda, menosprecio, ausencia en los foros clásicos, etiqueta de que todas las críticas negativas que recibas son de lectores con criterio pero que todas las positivas son compradas -familiares y amigos-. Que tu éxito en listas no es más que una estrategia ilegal -porque Amazon lo permite todo- y manipulada, que te autocompras..., y una larga lista de tonterías a las que no sólo te acostumbrarás, sino que llegarás a echar de menos.

Pronto descubrirás que no necesitas la palmada en la espalda de nadie, salvo de tus lectores, que no necesitas engordar tu ego en presentaciones ni foros, porque simplemente no lo necesitas, que afortunadamente llegarán críticas bellísimas desde muchos rincones del mundo con los que no soñabas siquiera llegar en el formato tradicional -comprenderás que escribes para hispanohablantes no para españoles y que eso abre un universo de horizontes inabarcables-, entenderás pronto que "España" es un rincón minúsculo, desgraciadamente muy lleno de gente minúscula que se sienta en minúsculos tronos y cree gobernar feudos gigantes -que en realidad son minúsculos-. Te elevarás pronto sobre toda esa marea de bilis que recorre este "mundillo" y notarás que el aliento de tu público -TU PÚBLICO- es un elixir de fuerza milagroso. Que tuyas van a ser a partir de ahora, sólo tuyas, las victorias y derrotas. Me alegro mucho, mucho por ti.

Si necesitas algo, compañera, -uno tiene algunas cicatrices y trincheras- no dudes en pedirlo.



Sinceramente tuyo,

V.


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